Lágrimas sin consuelo y una boda muy peculiar




Después del refugio ofrecido por los cabreros, el náufrago, ahora peregrino, continúa su camino. En medio de la majestuosidad de la naturaleza llora sin consuelo, su amor lo ha olvidado, su corazón está herido y sin remedio. En medio de su llanto tiene otro encuentro inolvidable; son unos pastores que van a una aldea a celebrar una boda. La experiencia en aquella celebración es un parnaso para el peregrino. Entre musas y poesía, este jolgorio se vuelve una delicia sensorial de elementos naturales, flores y frutos.



Si de aire articulado 
no son dolientes
lágrimas suaves
estas mis quejas graves


De las lágrimas a la alegría






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